Otra característica

Cogí el tren a las 9.09 a.m. como cada día. Es interesante mirar a la gente, observarla. Una característica mía: Siempre estoy observando lo que me rodea. Había una chica con unos pantalones ceñidos, una blusa de leopardo y un bolso con estampado de serpiente, todo ello rematado con unas botas marrones y una horrible chaqueta negra. ¿No es capaz la gente de ver que la combinación marrón y negro es horrible y que bajo ningún concepto puedes llevar leopardo y serpiente?

Me senté en un asiento de ventanilla mirando hacia la dirección contraria en la que se movía el tren. Intenté mirar por la ventana pero siempre me ha mareado el paisaje en movimiento cuando aparece por mi espalda. Abrí mi libro, esta vez era Territorio comanche de Arturo Pérez-Reverte. Estaba empezando a obsesionarme con ese escritor igual que en otro tiempo me había pasado con Capote o Bukowski. Supongo que es una tónica en mi vida. Otra característica mía: me obsesiono con facilidad. Me pasa constantemente…

 Me obsesiono con cosas o gente, como aquella época en que no podía parar de escuchar “Space Oditty” de Bowie, aquella vez que vi tres veces en una semana De aquí a la eternidad porque Montgomery Clift era cautivador o cuando no podía dejar de pensar en que el creador del Cubo de Rubik  era un genio por haber sido capaz de idear semejante artilugio, tanto por su complejidad como por ser un objeto carente de alguna utilidad que no sea poner a las persones al borde de un paro cardíaco por no ser capaces de resolverlo una vez que lo has toqueteado, debe de ser por eso que el original y genuino trae un libro de soluciones, debieron experimentar un aumento de ataques de corazón paralelo al aumento de ventas cuando se popularizó el dichoso cubo.

El libro era seductor. Desee ser reportera de guerra algún día para poder vivir todo aquello, experimentar la adrenalina de la guerra de verdad, dejar a un lado las películas y los juegos a los que tantas horas había dedicado para poder verlo con mis propios ojos y sentirlo en mi propia piel. Supongo que me obsesioné durante un tiempo con la idea de ser cronista de guerra. Más tarde me di cuenta de que ver los partidos del Barça también me transmitían mucha adrenalina y que quizás mi destino era ser periodista deportiva, así que me obsesioné con esta idea.

Lo que estaba claro es que no me obsesionaba con lo hacia en ese momento, derecho. Si, me gustaba, era increíblemente interesante pero no podía dejar de pensar que no quería pasarme el resto de mi vida resolviendo el divorcio complicado de un matrimonio con tres hijos insoportables a los que ni los padres soportaban pero de los que ambos querían al custodia por el simple hecho de fastidiar al otro. Tampoco pretendía pasarme la vida dejando libres a pequeños ladronzuelos sin más aspiraciones en la vida que robarle la videocámara a un japonés desprovisto de maldad. No, a mi eso no me iba. Pero como soy una persona fuera de lo común iba cada día a clase, sin falta. No solía perderme ninguna, hacia todos los trabajos, me presentaba a todas las convocatorias posibles para intentar aprobar -eso si, sin estudiar demasiado, tampoco hace falta ser tan aplicada- iba a todas las conferencias y me lo pasaba bien en clase. Se puede decir que no encajé en mis estudios pero si en la vida universitaria. Es otra característica mía: me contradigo constantemente.

 No es que sea una persona sin palabra o que diga una cosa y actúe al revés, no es nada de eso. Lo único que pasa es que me contradigo en cosas como que me encante ver las carreras de motos por televisión y no haber subido jamás en una porque me parecen estúpidas vistas así de cerca o que me encante la música punk y que uno de mis discos preferidos sea la banda sonora de El guardaespaldas. Son cosas que no tendrían cabida en cualquier otra persona pero que en mí ganan sentido.  Así, no me gustaba la carrera que estaba cursando pero la universidad me parecía maravillosa, todo lo que ella implicaba: silencio en clase, aprender cosas, conocer gente, pasar rato en la cafetería, la enorme biblioteca… todo me parecía maravilloso.

Desde luego sabía que al terminar el curso debería tomar una decisión, no podía pasarme la vida estudiando una cosa que me daba exactamente igual. Lógicamente sabía que la decisión debía ser cambiar de carrera, eso o pasarme la vida haciendo algo que no me importaba lo más mínimo, pero no, estaba escrito que lo dejaría. No soy de esas personas que hacen las cosas porque tocan, porque es lo que hay, si algo no me gusta no lo hago. Otra característica mía: suelo hacer lo que quiero, siempre que no importune a nadie, claro. Creo en la libertad individual de los individuos por encima de todo, creería mucho más en ella si en mi cuenta corriente tuviera unos cuantos ceros de más, entonces debe ser mucho más fácil disfrutarla.

Terminé por dejarlo. Con el tiempo siempre deseé volver a aquella facultad, que no a aquellos estudios. Lo que vino después todavía no es digno de mención, debe acabarse antes de poder hablar de ello. Creo que pronto podré hacerlo, pero creer  no es poder afirmar. Otra característica mía: no hablo de lo que no estoy completamente segura.

Naiara Parra Ferré, Barcelona mayo 2010.

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